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José Ángel Zubiaur Alegre en Montejurra (1954)

Momento en que José Ángel Zubiaur Alegre se dirige a sus correligionarios en la cima de Montejurra durante la concentración celebrada el año 1954.

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Discurso de José Ángel Zubiaur Alegre en el acto de Montejurra (1966)

Algunos fragmentos:

«Monarquía sí, pero la del pueblo». Este slogan de nuestro pasquín no es oportunista. Ya aquel gran Rey que se llamó Carlos VII pronunció esta frase «El Rey es para el pueblo y no el pueblo para el Rey». (…)

Desde aquí, como un clamor, hemos de elevar al Gobierno una petición, que es ésta: la derogación del Decreto-Ley de 23 de junio de 1937, que privó a Vizcaya y Guipúzcoa del régimen de conciertos económicos. Y entiéndase bien, esto no porque lo consideramos el desiderátum de nuestro pensamiento político; porque no nos conformamos con un estricto y raquítico régimen de conciertos económicos, sino que queremos no sólo para las regiones del Norte, sino para todas las de España, una reintegración foral plena, como siempre la quiso el Carlismo. Sigue leyendo

Multas a Zubiaur y Goñi con motivo de Montejurra 1969

Francisco Miranda Rubio, “Los procuradores de representación familiar en la novena legislatura franquista (1967-1971)”, Principe de Viana (Pamplona), nº. 203 (1994), pp. 615-637.

Por eso, con ocasión del acto carlista de Montejurra del año 1969, el gobierno amparándose en que Goñi y Zubiaur lo habían presidido, cuando en realidad Zubiaur en su intervención había denunciado los propósitos políticos del Ejecutivo, les impuso una multa de 25.000 y 50.000 pesetas respectivamente. Los procuradores navarros se negaron a pagarla y acudieron a la Presidencia de las Cortes reclamando el desafuero cometido contra ellos en su condición de procuradores. Pero la Comisión Permanente de la Cámara desatendió tales demandas. En realidad, una vez más se quebrantaba el fuero parlamentario, no se respetaba su inmunidad e inviolabilidad y se ponía de relieve la actitud un tanto servil que estaban obligados a desempeñar los procuradores, dado que no se admitían las discrepancias políticas.

Montejurra y el joven carlismo (1969)

Montejurra y el joven carlismo (1969)

Luis Carandell, Triunfo, nº 362, 10/05/1969, p. 8.

Me sorprendió el otro día ver, junto a los viejos tradicionalistas, a un elevado porcentaje de jóvenes, algunos de ellos universitarios, que parecían oponer al populismo instintivo de sus mayores una más cuidadosa reflexión de los problemas actuales. No es el suyo, afirman ellos, “un nuevo carlismo” y el mismo José Ángel Zubiaur, en el acto político que se celebró, a pesar de los pesares, en la Campa, tuvo especial interés en recalcar que en el carlismo no hay “viejo” ni “nuevo”, sino una continuidad de pensamiento. En esta época de descrédito de todos los “slogans”, más que rendirnos al escrúpulo que necesariamente ha de provocar en nosotros la leyenda ultramontana del Carlismo, sería interesante analizar, aun estando en contra de ellos, sus principios más importantes, su anticentralismo (“España no es Madrid”), su colectivismo agrario, su concepción de la representatividad y, sus ideas sociales que, según afirman los carlistas, quedaron reflejadas en el Acta de Loredán antes de ser sancionadas por la “Rerum Novarum”. En nuestros días, las ideas del Carlismo han sido expuestas en publicaciones del tipo de las «autofinanciadas», en anticuado formato y han padecido de la confusión automática producida en la mente española entre Carlismo e Integrismo.

La Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas y la renovación ideológica del Carlismo en los años cincuenta (1998)

La Agrupación de Estudiantes Tradicionalistas y la renovación ideológica del Carlismo en los años cincuenta (1998)

Trabajo de Mercedes Vázquez de Prada Tiffe (1998).

Publicado en IV Congreso General de Historia de Navarra de la Sociedad de Estudios Históricos de Navarra: Mito y realidad en la historia de Navarra, Volumen I (Pamplona, 1998).

En su intervención en el Montejurra de 1956, Ramón Massó, dirigente de la AET, insistiría en que “Nosotros cuando gritamos Viva el Rey no lo hacemos a un rey anónimo, sin apellido. Nosotros gritamos Viva el Rey Javier”.

Dos años después, el discurso de Don Carlos Hugo en el Montejurra de 1958 destacaría por su aperturismo renovador en clave europeísta. El integrismo iniciaba su declive.